51.- Cochinos influyentes

Amigos y colegas, he aquí que mi carrera se ha topado con un maravilloso descubrimiento para beneficio del gremio de los escritores. Ciertamente, si yo fuera un autor egoísta, ya lo guardaría para mí y viviría a expensas del secreto mejor guardado por el resto de mi vida. Más, siendo un altruista con el pie que se adelanta, lo transmito a mis colegas para que hagan el apropiado uso de su potencial.

Tú y yo nos tomamos un tiempo muy largo para terminar una novela y toda dedicación para que nadie preste atención a su título, su fuego, su ave. Al igual que Cervantes, esto lo domino con una sola mano, pero la temporada es floja y mi libro se suma a una enorme pila de novedades sobre el escritorio del columnista crítico muy serenísimo en la ajena soberbia, ya suponiendo que la posteridad goza de las suficientes joyas literarias. No hay regalías y tu familia no puede salir de vacaciones. No obstante, da la casualidad que tu libro cae en la cólera de un párroco en una ciudad conservadora como Puebla y mil manos se alzan en el remedo de su rescate secular. Para colmo, cualquier servidor público, llamado por la palabra anatema, se une a los clamores de restringir la libertad de expresión. La policía arresta a un árbol por guardar pertenencia con mi libro, es cual ha sido declarado obsceno para el deleite del que se le abre una boca. Instantáneamente, el internet pone la noticia en circulación más rápido que una epidemia. La calma encuentra un foro y utiliza los pasajes escogidos de sus hojas impares y refiriéndose su afortunado vanguardismo, debatiéndose con esmerada dialéctica hasta que se termina con las mentadas de madre. Mi libro pasa de una existencia solitaria a los tribunales donde se empapelan los asesinatos, mientras los visitadores señalan a aquellos charlatanes que cometen perjurio en contra de los cochinos. La vida es nuestra decisión de recobrar su significado. Lo demás es pasajero, lo demás es poco. No necesitamos gente que se acerque a confundirnos con un abuso de la gramática. Cochino es sinónimo de glotonería y suciedad y es cimarrón. Deseo hacer una llamada a mi abogado, para enseñarle modales al Status Quo. El edicto acusa a mi libro de blasfemo contra la fe, listado en apostasía hasta la renovación del Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum. La parte demandante sostiene que Dios, como creador del universo, goza de un copyright y es por eso que la iglesia católica exige un diezmo, concluyendo que un juego de copias paganas atentan contra este sagrado derecho. No obstante, la casa editorial recibe miles de pedidos desde Buenos Aires hasta París porque que se hace necesaria una segunda edición, en tanto cinco compañías de cine se pelean la adaptación del best-seller. Todos y cada uno esgrimiendo el espadín, antes de que la Liga de la decencia deshaga la celebración de nuestro contrato, quebrantando todos mis huesos y sodomizándome con mi propia pluma. Cerdo es sinónimo de embutido y es chorizo. Dándolo por asentado, la cosa más importante que he aprendido a lo largo de los años es la diferencia entre tomar tu trabajo con apetencia y tomar tu persona con hambre. La primera es una condición imperativa, la segunda es dieta.

Una vez más, mi libro es un total improperio y sangran los ojos al leerlo. Empero, la cualidad insultante de un adjetivo parece depender más del criterio y percepción del receptor que del término en sí, aunque puedo alegar Síndrome de Tourette antes de aceptar una nalgada. Perdón, me explico, el Síndrome de Tourette es un trastorno neurológico de ¡MIERDA! que se caracteriza por una serie de tics ¡PERRO GONORREA! que cursan en los exabruptos, y en algunos casos, ¡HIJO DE LA CHINGADA HUEVA! repiten frases o palabras inapropiadas ¡PUTA! ¡LAMEPIJAS! ¡ESCROTO SACRO! que ninguna persona normalmente socializada puede hablar, ni siquiera en las costas de Veracruz. Ahora bien, si fuera menester tener el pogromo que el campo de malezas te atribuye, no recomendaría este plan, porque la verdadera grosería tendría atenuantes clínicos. Un ejemplo de cómo sonaría una frase en tourettiano bajo la licencia poética: Gentil caballero, me temo insinuar que su madre era una puerca enferma con la vergüenza que le digan que su hijo es un Serrano, todo esto con el debido respeto que no le tengo. Así, nuestro mutuo cariño se sostiene de la misma hilacha de un pañuelo tapándole los ojos al aludido, porque no se trata de escribir un ataque personal y nominativo. Lo cierto es que nadie tiene que leer el libro completo para aumentar su poder de insolencia un milímetro por encima del mono, cuando no, un centímetro abajo del marrano, mientras su lucidez se iguala con la influencia que en vida hubiera dejado Boccaccio. Mal diagnosticado, esto es lo que la OMS llama cochino, tan pronto como el resto de la población lo entiende como foco infeccioso y acata las medidas de confinamiento. Mutatis mutandis, el Decamerón de Giovanni Boccaccio, libro constituido por cien cuentos, cien temas profanos, se inicia con una descripción de la peste bubónica que azota a Europa en 1348, lo que da motivo a un grupo de siete mujeres y tres hombres, jóvenes todos, se refugien en una villa en las afueras de Florencia y escapar a la plaga. El escenario no podría ser mejor para hacer una orgía, pero el grupo prefiere organizar un taller literario para pasar el tiempo, donde cada miembro cuenta una historia por cada una de las diez noches que pasan en la villa. De esta manera se relatan cien historias en total, todas provocativas. Nuevamente, reflexiono que no es necesario dedicarle largo espacio en tu libro a los temas licenciosos. En este punto, me sirve de ejemplo el desarticulado episodio de las hijas de Lot y las cosas que le hicieron a su padre embriagado con un mero cambio de rutina, para reducirlo a un inmigrante mexicano y a propósito de la destrucción de enormes ciudades y de relaciones incestuosas en el Libro del Génesis, capitulo XIX, versículos 30 al 38, el resto trata sobre el mal humor de Dios. Por otro lado y sin importar su inclusión en el index, lo cierto es que Boccacio constituyó una de las lecturas preferidas de los clérigos. Cochino influyente. En fin, uno supone agradar a cualquier párroco en una ciudad renacentista como Puebla, pero se vive más atrasado que las pelotas de un verraco. ¡Porca Miseria!

Gabriel Fuster

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