Porque yo soy un cardumen, volando sincronizado por entre las nadas celestiales, que se encuentran llenas de delicada luz en tenue azul ultramarino, y en el centro de todo el universo se divisa un objeto descomunal: Es un disco dorado, de dimensiones cercanas al ilímite.
porque sobre el centro de ese dorado disco, que es el centro mismo y luminoso del Todo, allí se erige, en levitación majestuosa, colosal, cantando a gritos desgarrados sobre micrófonos infinitos, Amaury Pérez: “Si yo pudiera…” “…hacerte venir, hacerte venir, hacerte venir, hacerte venir”
porque atravieso entre todo el estruendo que él causa, atravieso, dije, los universos siderales en forma, dije, de cardumen; describiendo curvas con agilidad, parando de cuando en cuando en un zigzag como indeciso de leves brillos, y me pregunto, si no de peces, de qué estaré hecho.
Cito: “Las vacas que se desviaban impresionante 125% de nivel de riesgo este estudio fue vida funcional del hato, p r e s e n t a n d o patas traseras” (sic)1
(1)http://72.14.235.132/search?q=cache:_sdq8h7gVwsJ:www.usjersey.com/Reference/lowriskspanish.pdf+bajo+los+rasgos&cd=5&hl=en&ct=clnk&client=firefox-a
no, porque el pobre Amaury Pérez…Nada, que no puede hacerla venir por más que le grite, y ella que no y que no, que no se le viene, el pobre, si él pudiera.
Son recuerdos, todos recuerdos, hace un rato pude identificar mis partes todas, soy un cardumen compuesto de recuerdos. Y la voz se eleva, eleva, me pregunto si el mismo Amaury Pérez entiende eso que está voceando, por ejemplo lo de “ni bandoleras que consentir…”
porque pudiera, de repente, desaparecer toda cohesión.
Esa conciencia repentina es para un cardumen el más frío sudor que baje por sus contornos, cuando pensamos:
¿Qué será de mí si cada pez de improviso me abandona?
¿Dónde quedo si me esparzo?
Si me desuno y desaparezco, ¿o no?
porque ella aún no se viene, y Amaury Pérez, enrojecido y ya fuera de sí, -y hasta fuera de no, diríase- “Si yo pudiera…ra ra raRa Ra, RA ,RA RA!”
porque ya no puedo olvidar el pavor a desintegrarme en cualquier momento, intento frenar mi marcha y se me hace que desafiar la inercia también me podría romper, y hasta más inmediatamente destrozarme… “hacerte venir, ¡hacerte venir! ¡hacerte venir!”
porque no. Porque no se va a venir contigo, ¿que no lo entiendes?
Que no se viene, y es para humillarte.
¿O no has leído a Quiroga?:
“… y si hay algo a lo que el hombre se siente arrastrado con cruel fruición, es, cuando ya se comenzó, a humillar del todo a una persona. (En “La gallina degollada”)
¿O no es hombre tu mujer?
¿O es un problema de “fricción”, como se afirma en la versión del proyecto Gutenberg?
porque no.
En este momento ocurre lo que no debió jamás:
Se oscurece todo en un relámpago de negrura.
Una arcada descuaza mi trayectoria, me deshago en náuseas centrífugas.
No. (Que no se va a venir, Amaury Pérez, deja ya de vociferar caprineces) Pero no, no son náuseas.
Es un acceso de tos.
Eso que era todo tan azul se ha ofuscado de repente en tos, tos, tos.
Tos, tos, tos.
¡Tos! ¡Tos, tos! ¡Tos!
Tos
porque en sus manos, estentóreo, incapaz de hacerla venir, se divisa una luz que es rojiza.
Jerónimo Minino