Se me ocurre ir al cine con las normas de contingencia debidas a la influenza, por lo que había de dejar dos asientos y una fila vacía para disfrutar de la película, ni modo, no había forma de robarle los pistaches ni las pepitas a ninguna despistada, además el menú (de la cartelera) no era muy apetecible. Había una colombiana, de hecho si hago memoria, la única buena peli de ese país sería La virgen de los sicarios basada en la novela homónima de Fernando Vallejo, pero aun así decidí correr el riesgo y aposté por Paraíso Travel del director Simón Brand.
El filme viene con un delicioso soundtrack encabezado por Fonseca, no sé si lo recuerdan por la rola Te mando flores, y algunos actores mexicanos hacen su aparición en roles secundarios como la autonombrada nueva Salma Hayek: Ana de la Reguera quien aunque no lo crean se atreve a cantar (a pujar diría yo) y el chile de todos los moles Jesús Ochoa.
El reparto principal lo forman por supuesto actores colombianos como Aldemar Correa y Angélica Blandón pero la que se roba la cinta con su actuación con sólo dos breves escenas resulta ser la quasi cincuentona pero todavía apetecible Margarita Rosa de Francisco gracias desde luego a la bien llevada dirección más que a sus dotes histriónicos, para los que suelan ver telenovelas pueden ubicarla como la protagonista de Café con aroma de mujer.
Se trata de un movie road, braceros al estilo colombiano, el director por medio de flash backs nos muestra los padecimientos para llegar a Nueva York de una pareja, a quienes luego de dorarles la píldora se les hace creer que serán transportados por una agencia de viajes llamada precisamente Paraíso Travel la cual luego de cobrarles una fortuna en dólares, les lleva en avión sólo hasta Guatemala y de allí aterrizan a la realidad no de ir en segunda sino en quinta clase, deben cruzar el Río Suchiate a nado y sufrir veinte mil penurias más, para luego atravezar por Reynosa la frontera rumbo a su otro paraíso, la ciudad de los rascacielos ya sin sus mellizas torres.
Al menos los emigrantes mexicanos saben decir yes y thank you, pero los colombianos no llegan ni a eso por lo que después de instalarse en un cuartucho el protagonista sale del edificio, mas lamentablemente se extravía, luego de su separación, se convierte en una película de búsqueda pero sólo por una de las partes, aunque la otra también busca a otra persona.
Si tienen oportunidad de verla se las recomiendo, no es la octava maravilla del mundo pero tiene algunas sorpresas, un final abierto y una grata forma para acercarnos al cine de ese país, por lo pronto le doy tres estrellas de calificación.
Mario Waits