Sucede que un tipo para acortar veredas cruza por el barrio El Nacional donde ve dormida en la banqueta a una mujer a la que confunde con una amiga, le gustaría despertarla pero le urge comprar un ramo de rosas para otra mujer a la que ama. Pero a última hora pide a la florista que las envíe con un mozo a la que lo trae precisamente del ala herida.
El tipo, quien se dice escritor, regresa a buscar a la mujer dormida, después de haber comprado un botella de ron, la cual poco a poco ingiere en la calle sin cuestionarse si existe ley o cosa que se le parezca. El barrio El Nacional cobija en su mercado el ansia de la gente pobre que ingiere comida barata y si se le cae una tortilla la levanta, porque siempre es más dura el hambre que las reglas elementales. Ahí pertenece la mujer dormida, que ya anda bien despierta cuando el excritor, la ve entrar al bar donde él bebe una caguama, ajeno a la influenza, a las buenas costumbres y a sí mismo. No es mi amiga, piensa el escritor, pero se le parece y da lo mismo. La alcanza y entran al Bar.
Zacarías Jiménez Méndez